A primera vista, podría parecer que no existe gran relación entre la economía y el medioambiente, el reciclaje o la recuperación. Sin embargo, basta entrar en el concepto de “economía circular” para comprobar que no es así.

Redacción web, septiembre 2017

La economía circular pretende transformar el proceso productivo y pasar del actual proceso lineal (extraer, producir, usar y tirar); a un proceso circular en el que los productos, al final de su vida útil, vuelven a convertirse en recursos y, así, preservar el medio natural. Este concepto, desafortunadamente, choca con la tendencia social de los últimos 40 años: el consumismo, que prescinde rápidamente de los bienes adquiridos y busca suplirlos con nuevos y revolucionarios productos. La idea de una economía circular nace de la necesidad de revertir esta tendencia, buscando que los materiales y los recursos tengan la mayor vida útil posible para generar menos residuos. Es en este modelo donde las 3 ‘r’ cobran pleno sentido: reducir, reutilizar y reciclar. Los productos se reutilizan y reciclan en un círculo continuo, alargando la vida de los mismos lo máximo posible.

Diagrama aceite usado y 3 aceites regenerados.

La economía circular aplicada a la protección del medio ambiente ha tenido muchos defensores y propulsores pero, finalmente, ha abierto sus propios caminos motivada por agentes externos. La crisis económica vivida en los últimos años ha desencadenado, de forma natural y espontánea, todo un modelo de economía circular. Una afirmación que se puede ilustrar con varios ejemplos, como el boom de los mercados de segunda mano digitales; el auge de tiendas de telefonía móvil reciclada, donde se puede vender y comprar teléfonos ya usados sin necesidad de pagar cifras prohibitivas para disfrutar del terminal soñado; o las tiendas de alquiler de ropa o el alquiler de bicicletas, un mercado que se está implementando en varias ciudades españolas y en los que se fomenta el ‘uso’ del bien y no su ‘propiedad’.

La economía del reciclaje ha surgido por una necesidad clara del consumidor de ahorrar y está favoreciendo indirectamente al medio ambiente. Sus beneficios en el medio ambiente son muy claros: Se reduce tanto la extracción de materias primas, como la generación de residuos y CO2 producido por la manufacturación de productos nuevos. Además, esta reinvención de la economía permite crear nuevos puestos de trabajo y, por extensión, un nuevo tejido productivo.

En Sertego, la economía circular está enriqueciendo nuestro funcionamiento y nuestros objetivos. Al apostar por nuevas maneras de recuperación de productos, creamos valor para la empresa y para la sociedad.

Un ejemplo de ello es el tratamiento que realizamos en la compañía de aceites usados de coches particulares para su reutilización. En este proceso utilizamos la base lubricante de los aceites, regenerada, para fabricar aceite nuevo. Así, evitamos la explotación de nuevos recursos petrolíferos y la contaminación que conlleva.

Otro ejemplo de economía circular es la recuperación de combustibles de residuos MARPOL. El tratamiento de estos residuos, llamados así por el Convenio Internacional MARPOL 73/78 (abreviación de Marine Pollution y el año creación y publicación del convenio en 1978), permite extraer el combustible que contiene ese residuo (recogidos en las sentinas de los buques) para darle un nuevo uso. Reciclamos para reutilizar, dándole varios usos a un producto.

No es casualidad que la Unión Europea lleve tiempo apostando por este tipo de modelos. En 2011, la Comisión anunció una Hoja de Ruta que apostaba por un crecimiento basado en el consumo eficiente de los recursos. Ver hoja de ruta. Recientemente, este organismo manifestó su interés por poner en marcha una iniciativa para terminar con la llamada “obsolescencia programada”: fabricar productos que tienen una vida útil con fecha de caducidad, para propiciar la compra y consumo de productos nuevos que los sustituyan. Un concepto que choca de pleno con la protección del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático.

Sin embargo, la economía circular también genera controversias y opiniones diversas cuando entra en conflicto con otras políticas europeas. Por ejemplo, en lo concerniente a la aplicación en materia residual de ciertas normas propias de los productos como el Reglamento (CE) nº 1272/2008 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 16 de diciembre de 2008, sobre clasificación, etiquetado y envasado de sustancias y mezclas, y por el que se modifican y derogan las Directivas 67/548/CEE y 1999/45/CE y se modifica el Reglamento (CE) no 1907/2006 (Reglamento CLP), o el propio REACH.

Este reglamento busca eliminar las sustancias peligrosas para la salud en los mecanismos de manipulación. Actualmente, no existen técnicas capaces de diferenciar las sustancias nocivas de las que son inofensivas en los procesos de manipulación, perjudicando la evolución de la economía circular en dichas materias.

Para solventar este impedimento, se deberían diseñar los productos a partir de la base de identificación de estas sustancias, o bien enfocando su utilización en función del riesgo que se asume en su manipulación frente al beneficio de su recuperación y nuevo uso. Porque, ¿qué hacemos con todos aquellos productos que están actualmente en el mercado y que tienen sustancias prohibidas por el REACH cuando se conviertan en residuos? ¿Renunciamos a reciclarlos por no manipularlos o realizamos un análisis cruzado entre peligrosidad y beneficios ambientales para fomentar su recuperación?

Aunque la economía circular aún está en un primer estadio de su evolución y se haya presente por distintos motivos: necesidades de mercado, lucha contra el cambio climático y aprovechamiento de los recursos; es un hecho que ya está presente en nuestras vidas. Nos vamos acercando, por fin, al fin del “usar y tirar”.

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